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sábado, 25 abril, 2026

¿Cómo reclutan los narcotraficantes a los menores de edad para sus bandas?

En Esmeraldas ya tienen identificados a los niños de una banda delictiva. Quienes llevan una camiseta de algodón con un gato estampado en el pecho

No es el uniforme de escuela o de una colonia vacacional sino el distintivo de una banda criminal que ejecuta sicarios, atentados con explosivos y se dedica al tráfico de drogas a gran y menor escala.

Según el Ministerio del Interior, es la nueva forma de reclutamiento de las bandas organizadas. Operan en zonas urbano marginales y los cinturones de pobreza de las ciudades, en especial de la Costa.

La camiseta, la posibilidad de pertenecer a algo y la garantía de al menos una comida diaria hace que los niños comiencen a tener fidelidad con la organización.

Los niños tienen algo en común: provienen de hogares destruidos, con abandono y violencia. Otros quedaron a cargo de abuelos o tíos debido a que sus padres murieron, están detenidos o emigraron.

En el grupo reciben lo más parecido al afecto. Saben que si alguien los molesta o los maltrata serán defendidos por sus compañeros o los encargados del grupo.

En muchos casos, las autoridades detectan que las bandas se hacen pasar como miembros de iglesias. Con esa estrategia se ganan la confianza de los adultos que cuidan a los niños y autorizan que se lleven.

Una vez reclutados, sus tareas son básicas: sirven de vigilantes, o sapos como les llaman; avisan si algún desconocido se aproxima. A través de silbidos alertan si es un habitante del barrio, una persona civil, un vendedor, la policía o integrante de una banda rival. Están en la primera línea de la organización criminal.

Conforme crezcan comenzarán a tener nuevas responsabilidades. El segundo paso será ser mensajeros, llevar droga para esquivar puntos de control policial, total, porque nadie sospecha de ellos.

También los usan para evitar que los rivales roben los cargamentos de drogas. Los niños caminan delante del narcotraficante que lleva el estupefaciente y alertan las amenazas para que escapen.

Por lo general un traficante menor es el que los maneja y entrena. A él le darán los cuidados y obedecerán en lo que él les pida.

Cuando llegan a la pubertad reciben la camiseta con la imagen de otro felino: un lince. Su nueva insignia acarrea otras responsabilidades. Según sus habilidades se los entrena en el manejo de armas para ser pistoleros y sicarios.

Fuente: El Comercio

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