Lo que alguna vez fue motivo de prejuicio, hoy representa una nueva promesa agrícola y económica para Ecuador. El cultivo de cannabis no psicoactivo, también conocido como cáñamo, se abre paso como una alternativa estratégica en el agro ecuatoriano, generando empleo, valor agregado y oportunidades de exportación.
Desde 2021, Ecuador legalizó el cultivo del cannabis industrial con menos de 1% de THC, bajo regulación del Ministerio de Agricultura. En 2025, este proceso dio un paso clave con la publicación del primer Manual Técnico de Cultivo de Cáñamo, estableciendo estándares formales para su producción responsable y de calidad.
Uno de los casos emblemáticos del sector es HEMP, una empresa que nació en 2022 con una visión sostenible y transformadora. Su fundador, Eduardo Monge, apostó por cambiar la narrativa en torno al cannabis y hoy lidera una marca con crecimiento anual del 45 %, más de 30 familias proveedoras, y productos que van desde cosméticos hasta aceites terapéuticos. “El cannabis industrial necesita el mismo cuidado que el cacao o las flores. Y si ya somos líderes en eso, ¿por qué no podríamos también serlo en cáñamo?” – afirma Monge.
La geografía ecuatoriana, con condiciones climáticas estables y ciclos productivos continuos, permite hasta tres cosechas al año, posicionando al país como un potencial líder en la región. Casos como los de floricultores en Tabacundo o cacaoteros en Guayas que han migrado hacia el cáñamo medicinal, demuestran que este nuevo ciclo agrícola no viene a reemplazar cultivos tradicionales, sino a diversificarlos y fortalecerlos.
Según proyecciones del Ministerio de Agricultura, la industria del cáñamo podría alcanzar los $17 millones en 2025 y generar hasta 30.000 empleos directos. Aún faltan pasos como una legislación más clara, certificación de productos e incentivos para la industrialización, pero el camino ya está sembrado.


