Las protestas del domingo en Quito volvieron a encender el debate político. El Gobierno defendió el despliegue de la fuerza pública.
El ministro del Interior, John Reimberg, reveló que existía un grupo que planeaba atacar la capital, y justificó el despliegue de seguridad bajo el estado de excepción.
Las declaraciones llegaron luego de que el alcalde de Quito, Pabel Muñoz, criticara el uso de bombas lacrimógenas en la Villaflora, calificando el operativo como un “exceso de fuerza” bajo el estado de excepción.
Desde Carondelet, la vocera del Gobierno, Carolina Jaramillo, bajó el tono a las protestas y aseguró que la ciudad está en calma.
Afirmó que el Ejecutivo siempre ha estado dispuesto al diálogo, aunque minimizó la participación ciudadana del domingo.
Consultada sobre el accionar policial, Jaramillo defendió al bloque de seguridad y rechazó que exista represión, asegurando que la prioridad del Gobierno es mantener la paz en las calles.
Mientras el Gobierno insiste en que la situación está bajo control, el paro entra en su cuarta semana y las críticas al uso de la fuerza aumentan, junto con la tensión entre el Ejecutivo y el Municipio capitalino.

