Dos años después de su llegada a Carondelet, Daniel Noboa acumula más de doscientas disposiciones ejecutivas destinadas a reorganizar al Estado en medio de un escenario político tenso. Su administración insiste en que el orden fiscal y la disciplina económica empiezan a verse en los indicadores.
Entre los datos más destacados: el riesgo país bajó de casi dos mil puntos a seiscientos setenta y siete. Las reservas internacionales crecieron más de tres mil millones de dólares y los depósitos bancarios superaron los cincuenta y ocho mil millones. Cifras que, según el Ejecutivo, evidencian confianza y estabilidad.
La actividad económica también muestra señales de recuperación. La cartera de crédito productivo pasó de dieciocho mil a más de veintitrés mil millones de dólares. Y uno de los sectores más golpeados en los últimos años, la construcción, volvió a crecer y cerró con un aumento del seis coma siete por ciento anual.
En lo tributario, el Servicio de Rentas Internas registra un incremento en las ventas nacionales, que superarían los doscientos nueve mil millones de dólares a octubre de este año. Para el Gobierno, esto demuestra dinamismo pese a la presión inflacionaria internacional.
Pero estos logros han venido acompañados de decisiones impopulares: el aumento del IVA y la eliminación de subsidios al diésel provocaron bloqueos durante más de un mes. Aun así, Noboa mantuvo la medida, argumentando que era indispensable para evitar una crisis de liquidez y asegurar su programa con el Fondo Monetario Internacional.
Con una caja fiscal estabilizada y acceso a créditos multilaterales, el presidente inicia su tercer año con un panorama distinto al de 2023. Sin embargo, especialistas advierten que aún faltan reformas que impulsen el empleo y la inversión, tareas que definirán el tramo final de su administración.


