Un estudio elaborado por el Municipio de Quito, sobre la fauna urbana concluyó que en la ciudad existe aproximadamente 97.000 perros callejeros. Es decir, en el año 2023, Quito experimento un aumento alarmante de perros callejeros.
De acuerdo, a la Unidad de Bienestar Animal en 53 parroquias de la ciudad entre septiembre y diciembre del mismo año se concluyó que dicho incremento representa un 500% en comparación con las cifras de 2019.
La UBA destacó cambios significativos en la distribución geográfica de estos animales, identificando una densidad de 507 perros por kilómetro cuadrado en zonas urbanas, y 341 perros por kilómetro cuadrado en áreas rurales.

Los sectores como de Calderón, Condado, Cochapamba y Llano Chico al norte de Quito y Santa Clara, Ciudadela Ibarra, Martha Bucaram, la Arcadia, Guamaní experimentaron un aumento, mientras que en Turubamba se observó una disminución. La parroquia La Ecuatoriana, por su parte, presenta la mayor densidad de perros callejeros por kilómetro lineal.
Con la investigación se observó que desde el 2018 un aumento en la formación de jaurías con un equilibrio constante entre ambos sexos, con tres machos por cada hembra. En el caso de los gatos, aunque muestran una condición corporal ideal en general, la dificultad para registrarlos, al habitar en áreas ocultas y de difícil acceso, limita la precisión de los datos.
Consecuencias
Las autoridades alertan sobre los problemas de conciencia social, salud pública, éticos y ambientales que están asociados a la presencia de animales en situación de calle en Quito. Es así que, se determina un alto riesgo de transmisión de enfermedades zoonóticas (virus, bacterias, parásitos, hongos) y, la proliferación de plagas.
A pesar de que en Quito y, en varias provincias del país existen ordenanzas para promover la tenencia responsable de los animales factores como:
- El abandono y el maltrato animal
- El desconocimiento de leyes
- La falta de educación medioambiental
- El miedo infundido a ciertas razas
- El amor por especies especificas (criaderos clandestinos)
- Poca o nula participación de las autoridades municipales, la policía, agentes de regulación y control.
- El escaso apoyo económico y de recursos para aquellos albergues y fundaciones que intentan revertir un mal social.
Han hecho que este mal sea insostenible. Por ello, se insta a la población a cumplir con la ley, asumir la responsabilidad de cuidar a las mascotas (Ordenanza Metropolitana 052-2023), y a denunciar aquellas personas que violan en más de un sentido el derecho a la vida y de los animales.


